jueves, 10 de enero de 2013

José Vicente Pascual: "Toda esa tramoya no me interesa en absoluto"

José Vicente Pascual (Madrid, 1956), novelista con más de tres décadas en activo, luce en su historial premios como el Azorín, el café Gijón, o el Alfonso XIII, habiendo sido también finalista del Nacional de Narrativa. Entre sus títulos a destacar, La montaña de Taishán (1989), Palermo del cuchillo (1995), Juan Latino (1998), El país de Abel (2002), Homero y los reinos del mar (2009) y Los fantasmas del Retiro (2011).

¿Qué razones históricas, literarias o de índole personal te han llevado a prescindir en tu novela de la Alhambra y preferir esta Granada que depende de Sierra Nevada?
—En La hermandad de la nieve intento contar y explicar el difícil, apasionante siglo XVI en el antiguo reino de Granada, una ciudad y un territorio que en la práctica no conocieron la edad media cristiana y que pasaron directamente del Islam como única visión del mundo al catolicismo de la época, con sus luces renacentistas y sus sombras integristas. Aquel “experimento” de convivencia entre cristianos y musulmanes acabó con una espantosa guerra civil (1568) en la que volvió a discutirse la hegemonía de poderes en el Mediterráneo, y con la posterior expulsión de los moriscos (1609). Para el desarrollo del argumento y la acción sobran estereotipos y lugares comunes. El mito del paraíso perdido nazarí es eso mismo: un mito que puede dar de sí para cierta literatura encandilada por el exotismo, pero de nada servía para mi novela. Los cuentos de la Alhambra de Irving son una delicada obra literaria, desde luego; pero son cuentos. Los casi 120 años de convivencia entre el Islam y la civilización cristiana en Granada no son ningún cuento sino una realidad histórica que merece ser tratada como tal, por lo que significó y por lo que podemos aprender de la experiencia.

Tus protagonistas son gente del común, pertenecientes a un gremio donde sus miembros se protegen solidariamente y en el que trabajan en condiciones muy duras, donde tiene también gran importancia la familia, por eso tu novela, además de entretener, ¿pretende defender ciertos valores?
—La novela está protagonizada por una saga familiar de neveros, gente que se ganaba la vida transportando nieve y hielo desde Sierra Nevada a la ciudad. El suyo era un trabajo duro que requería determinación, voluntad de ser y de permanecer. He querido ofrecer una visión de aquella época desde la perspectiva de la gente del común, los que vivían por sus manos, por dos motivos. Primero, porque aquellos conflictos políticos e ideológicos eran expresión, en última instancia y como siempre, de la lucha de clases: los ricos empeñados en serlo más todavía y los pobres en sobrevivir. Y segundo: porque la historia entendida como un asunto de intrigas palatinas, vibrantes hechos de armas, apasionados romances entre aventureros y princesas y toda esa tramoya no me interesa en absoluto. Me importa interrogarme por qué las familias nazaríes más pudientes se convirtieron al catolicismo con toda pompa en 1492; por qué siguieron siendo dueños de Granada y estaban encantados por haber cambiado de fe y conservado la bolsa. Las peripecias de los reyes que lloran por el Edén perdido y las sultanas de ojos cautivadores que estragan el corazón de rudos caballeros cristianos quedan bien para novelas de marujeo, pero un servidor, en su modestia, carece del mínimo talento para escribir esa clase de literatura.

Más de treinta años en la dura y desconocida profesión de escritor, ¿cómo se sobrevive?, ¿por qué y para qué se escribe?
  
—Desde que el panorama literario se convirtió en mercado editorial, dejó de tener interés para mí. No tengo ni idea de dónde estamos ni adónde vamos. No me preocupan las penalidades de las pequeñas editoriales ni los tejemanejes de los grandes grupos de comunicación. Llevo mucho tiempo en esto y tengo ya demasiado visto  como para asombrarme de nada. No sé si el futuro del libro está en el formato digital, en el papel o en ningún sitio. Yo sigo escribiendo porque es lo único que sé hacer medio decentemente y porque la literatura es mi vida. Con esas razones me basta. No me sobra porque no carezco de ambición; pero me basta. Este es un oficio solitario por naturaleza, de modo que, como dice el dicho: que cada cual se las arregle como pueda. Siento parecerle antipático pero es que soy granadino. No lo puedo evitar, oiga; ni habiendo nacido en Madrid y viviendo en La Coruña puedo evitarlo.
Respecto a los premios literarios y las grandes promociones editoriales, sólo tengo una prevención: que no se dé gato por liebre; que no se intente engañar a los lectores y se haga pasar la purpurina publicitaria por novelas de grandioso mérito. Aunque al final esas imposturas (casi todas), caen por la fuerza de la gravedad, o sea: por su propio peso y el razonable criterio de los lectores. Le pongo un ejemplo: que un autor especializado en best-sellers de misterio (casi todos inspirados en una película de Alan Parker) venda más libros que García Márquez, me parece estupendo. Pero que no nos vengan con la ocurrencia de que ese autor es como García Márquez. ¡Y de paso como Borges y Eco, nada menos! La publicidad está bien, se venden libros y todo el mundo queda contento. Pero bobadas las justas, por favor.

¿Qué puede contarnos de su próximo libro, seguirá trabajando en otra novela histórica?
—Quiero concluir una saga de historia-ficción donde se integren los elementos legendarios premedievales (con perdón por el terminajo), propios de las culturas germanas y célticas que dominaron el norte de la península ibérica desde finales del siglo IV: el reino suevo de Gallaecia, el reino godo de Tolosa (Aquitania, con influencia preponderante en el norte peninsular), los asentamientos de tribus y estirpes nómadas como vándalos y alanos... Toda esa vertiente histórica no se ha explorado nunca como venero literario en la narrativa española, yo creo que debido a la rápida implantación del cristianismo en la Hispania romana. Pasamos de los autores clásicos hispanorromanos a Los milagros de Nuestra Señora, de Berceo. Sin embargo, pervive un legado sin escrutar de las culturas céltica y noreuropea que merece nuestra atención. Y en ello estoy. De momento llevo escritas un montón de páginas. A ver qué sale...